marx-explotación-anatema en templos neoclásicos

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Marx escribió “El Capital”, su crítica al capitalismo, en 1867. Las revoluciones industriales y políticas de los dos siglos anteriores consiguieron cambiar las estructuras de poder y reparto de la riqueza de las sociedades occidentales, pero la miseria seguía presente en la vida de la mayoría de la población.

El capitalismo, de la mano de la democracia, debería haber mejorado la vida de todos, pero la riqueza y el poder seguían polarizados: se había cambiado a los Dioses por la Mano Invisible de los Mercados y el Dinero, y a los Reyes por los Capitalistas. Pero la masa seguía sin disfrutar de las condiciones de vida prometidas por esos novísimos sistemas de organización social.

Dos de las aportaciones más importantes de Marx fueron el desarrollo de los conceptos de Explotación y Alienación en sus vertientes económicas.

Para Marx, como para Smith y Ricardo,  el origen de los ingresos en el capitalismo es el valor agregado por los trabajadores y no pagado en salarios. Así, los trabajadores incorporan horas de trabajo transformando las materias en productos cuyo valor aumenta según las horas necesarias (incluyendo las de aprendizaje previo). Un trabajador produce por valor de 10, el capitalista le paga 5 al trabajador, retribuye con 2 a otras fuentes de factores productivos (alquileres, materiales, etc) y se queda con la diferencia. Esta plusvalía de 3 sobre el trabajo de la mano de obra es requisada por los capitalistas. El capitalista explota los resultados del trabajador.

La nueva lente de la explotación permitió a Marx analizar la sociedad dividiéndola en la clase de los que producen y la clase de los que se quedan con lo producido. En un sistema capitalista, los trabajadores no deciden qué se produce, quién produce, cómo se produce y lo que es más importante, qué se hace con lo producido: quedan a expensas de las decisiones de un tercero (como sucedía en el feudalismo). Cuando los trabajadores no pueden decidir sobre el fruto de su trabajo, se ven alienados de él.

Esa alienación explicaba el fracaso de los primeros 100 años de capitalismo. El descontento social de la época reclamaba un discurso con el que poder dar respuesta

a la injusticia e inequidad con que el capitalismo “administraba la casa” (oikosnemo/economía). La lucha obrera puso en jaque al nuevo sistema.

Para defenderse, los capitalistas construyeron un discurso en el que celebraban sin ningún resquicio de pensamiento crítico la economía de mercado. Marshall, en 1890, sintetiza la economía clásica de Smith y Ricardo con los matemáticos marginalistas Walras y Pareto. Revistió la nueva teoría, llamada neoclásica, con un halo de ciencia natural. Así los resultados deducidos de sus puertas de entrada y lógica interna debían verse como Verdades científicas.

Con la visión marginalista de los neoclásicos, no hay plusvalía en el trabajo de los obreros. Éstos pactan el precio justo por su aportación al producto final. Los capitalistas adquieren ese trabajo por el valor de mercado del factor de producción (el salario). En la lógica neoclásica el trabajo es un producto como cualquier otro. Con la particularidad de que es el producto que venden la mayoría de familias (si no arriendan tierra o prestan dinero).explotacion en pocas palabras

Según la lógica neoclásica,

1.- los trabajadores incorporan su trabajo y reciben lo justo por el valor creado: 5. Los otros factores también reciben lo justo por su aportación, 2.

2.- El capitalista puede vender ese producto por 10 debido al equilibrio de mercado (que poco o nada tiene que ver con el trabajo requerido en la transformación).

3.- La ganancia de (10-5-2=3) es el fruto de haber ahorrado previamente para poder disponer de un capital (las máquinas por ejemplo) y coordinarlo con los trabajadores.

4.- El beneficio o rédito para el capitalista, 3, no proviene de intervenir en la transformación sino de un concepto muy neoclásico: el Coste de Oportunidad.

El Coste de Oportunidad es el valor de aquello a lo que se renuncia cuando se elige entre distintas opciones de inversión/ahorro. También puede entenderse como el riesgo de la inversión. Es algo imposible de calcular, pero la mano invisible de los mercados consigue hacerlo efectivo en su justa medida. Así, lo que ganan los capitalistas es lo que se merecen por haber incurrido en riesgo, según el Dios-Economía de Mercado. Y lo que ganan los trabajadores es lo que merecen por su aportación al valor del producto. Para los neoclásicos no hay una plusvalía. Si no hay plusvalía no hay explotación.

De sus teorías marginalistas se desprende que los individuos perciben de la sociedad exactamente lo que han contribuido a generar. Los ahorradores han podido aguantarse las ganas de consumir, así pueden invertir en capital para recibir unos réditos justos.  Los trabajadores prefieren consumir ahora y no ahorrar. La mano invisible del mercado hace  que reciban su salario en la justa medida en que contribuyen al valor del producto final. Los neoclásicos niegan así que exista plusvalía en el trabajo.

Richard D. Wolff, explica la plusvalía según Marx de este modo:

1.- los asalariados, durante una parte del tiempo trabajan para recibir su salario, 5, (lo que se llama el “trabajo socialmente necesario”) y consumir lo necesario para poder seguir produciendo. Pero si solo trabajaran el tiempo para mantenerse, nada quedaría para el capitalista, así que

2.- el resto del tiempo, los asalariados se dedican a generar la plusvalía de 5. El capitalista se apropia de ese valor y puede vender lo producido por 10. Este es el proceso fundamental de expropiación.

 

Marx no era comunista. La lente de la explotación es una herramienta maravillosa. Lennin y los comunistas en la URSS, China, etc no la supieron interpretar. Cambiaron la estructura de poder y el reparto de la riqueza, pero no modificaron las relaciones de decisión sobre lo producido más que superficialmente. Pusieron a comités estatales de empresa en el lugar de los capitalistas. Seguía sucediendo la explotación en el Capitalismo de Estado.

La teoría de la explotación tiene su máxima validez en las estructuras cooperativas. Para erradicar la explotación, basta con democratizar las empresas, esto es, que quien produce tome las decisiones realmente importantes sobre qué hacer con lo producido (como lo hacen, por ejemplo, Mondragón, GreenPeace, Amnistía Internacional, etc.). Así nos acercaremos a un sistema de Democracia Real. Mientras, estamos abocados a vivir la mayor parte de nuestras vidas en estructuras no democráticas (empresa y familia).

Tranquilos, las cooperativas tienen una horquilla salarial que permite remunerar por encima de la media a los directivos, y unos sistemas de toma de decisión equilibrados que no exigen que todo el mundo decida sobre todo.

Salvo en contadas ocasiones, quien esgrime el argumento de la explotación en los círculos de las universidades de todo el mundo se ve abocado al ostracismo. Se le silencia, vilipendia y tacha de imbécil. Sufre una lapidación académica. La explotación es anatema en los templos de la economía dominante (universidades, instituciones públicas, medios especializados, etc.). Sin la explotación, no hay lucha de clases. Sin lucha de clases se perpetúa el sistema y sus desigualdades, que es lo que pretenden los neoclásicos.

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